Un lugar donde todo es posible y la ilusión es el combustible...

sábado, 18 de junio de 2011

Carta al amor propio


¡Ya está bien, Lorraine! Ya basta de decir a todo el mundo que sí, de poner una sonrisa hasta cuando te provoca un profundo dolor hacerlo. Ya está bien de que llames amigos a aquellos que hace tiempo que no lo son: elimina sus números de teléfono de tu agenda. Ya está bien de que te tomen el pelo. No te dejes doblegar, tan sólo quieren que les bailes el agua.

Soy tu mejor amiga, Lorraine y en mí es en la única persona sobre la faz de la tierra en la que puedes confiar.
¿Quién que no sea yo te servirá de paño de lágrimas sin delatarte?
Llámame a mi cuando necesites un favor, cuando necesites contar algo que en tu mente pueda provocar una explosión de una magnitud desproporcionada. No te digo que no te fíes de nadie, sólo que en mi puedes confiar al mil por cien y nadie te garantiza un porcentaje tan elevado.

Un puñetazo sobre la mesa a tiempo puede evitarte muchos disgustos y cuando necesites hacerlo búscame a mi Lorraine, que lo daré contigo.

Fdo: Lorraine

lunes, 23 de mayo de 2011

Porque las cosas cambian


La felicidad tiene extrañas formas de manifestarse. Algunas veces resulta ser el primer trago de una copa de vino, en otras encontramos mejor sabor al último sorbo:

  Un día de repente te levantas y te ves cogiendo un tren que no sabes a dónde te llevará y crees que no te importa, pero luego el trayecto te sorprende tanto que no sabes si el destino en sí te importará tanto como el viaje. Resultó que finalmente el destino sí era relevante: el fin de una etapa de tu vida.
  Sabes cuál es tu sitio y quiénes los tuyos, pero al bajar del tren no sabes qué te encontrarás y si el comienzo de algo nuevo te desestabilizará.
  "Lo has hecho bien,"- piensas- "no tienes nada que lamentar. Tenías que coger ese tren y dejarte sorprender por la vida". En el fondo tienes la conciencia tranquila, pero no estás del todo bien. Es una extraña sensación de felicidad nostálgica  por lo que no va a volver, aquello que ya pasó y fue tan beneficioso para ti en su momento. Todo el mundo está orgulloso de ti por haber hecho las cosas tan bien, pero cuando una etapa se acaba no puedes evitar sentir algo de tristeza aunque todo haya salido a pedir de boca.
  Lo que no he dicho es que cuando algo bien hecho termina comienza la recompensa, y tú no lo esperabas, pero al bajar del tren encuentras a un amigo con los brazos abiertos dispuesto a darte lo que te has ganado durante tanto tiempo: un buen abrazo. El fin del viaje no suponía un salto para pisar suelo de nuevo pues sus brazos enlazaron a la perfección sendas etapas cual eslabones de una cadena.

Siempre podrás recordar cómo olía aquél vino y creo que en esta ocasión el mejor trago ha sido el último

...  la felicidad, pese a saber a nostalgia, estaba ligada a un extraño viaje para poder apreciarla.

lunes, 4 de abril de 2011

Una tarde en el MoMA


Hacía frío, tanto que en ocasiones pensábamos que teníamos cientos de punzones rozándonos la piel. No llegaban a hincarse, pero eran tan molestos que a duras penas nos dejaban avanzar atravesando el gélido viento. Nos abríamos paso entre la multitud esperando llegar a un gigantesco edificio que llamaría nuestra atención, pero no fue así. Obviamos que Nueva York está plagado de rascacielos y cuando empezamos a pensar que nos habíamos perdido lo vimos.
Era un edificio de proporciones muy reducidas en comparación con los colindantes y ahí estaba, justo a nuestras espaldas. Mientras hacíamos cola muchos de los que me acompañaban decidieron que era un plan demasiado aburrido como para criogenizarse en medio de la calle por gusto y pensaron que sería mucho más divertido visitar la tienda de Apple.... 
Así que allí nos quedamos Alicia y yo, de pie, esperando poder conseguir un par de tickets para la exposición de Tim Burton que tanta ilusión me hacía. Tuvimos suerte.
No sabría describir la sensación que tuve al entrar, lo cierto es que me sentí como una niña pequeña en Disneyland: había tanto que saborear y tan poco tiempo para degustarlo que no sabíamos muy bien por dónde empezar así que comencé por guardar mi arsenal de ropa de abrigo en la mochila y nos dispusimos a subir escaleras y a ver todo lo que nos diese tiempo antes de poder entrar a la hora programada a la exposición.
Mi amiga no tenía ni idea de arte, pero era una persona con inquietudes y lo que yo conocía al respecto no era demasiado, pero lo suficiente como para poder apreciar el resultado de horas de trabajo consciente (a diferencia de lo que muchos mortales creen).
Cada sala era un mundo diferente. Texturas, colores y gente conseguían de cada instante una atmósfera cambiante.... era sencillamente genial.

Al llegar a la última planta vi aquella voluta con las crines colgando.... sentí que estaba en casa, sentí que en alguna parte del mundo alguien que quizás no tuviese ni idea de música (al igual que yo de arte) había logrado que yo sintiera empatía por su obra... Lo cierto es que todavía no he conseguido encontrar la manera de explicar lo que allí sucedió.
Quizás tenga algo que ver que fue una de las mejores tardes de mi vida: la exposición de Tim Burton fue realmente memorable, pero no sentí esa conexión que un artista "X" despertó en mí y es lo que al fin y al cabo éste podía pretender; y eso que no todo el mundo puede decir que ha tenido a Eduardo Manostijeras a tamaño real a su lado...

...había tanto que saborear y tan poco tiempo para degustarlo que creo que más de un año después no lo he terminado de digerir. 
La tarde no pudo terminar mejor: vista nocturna de NY desde el Empire State, un buen chocolate caliente y a dormir.


lunes, 7 de marzo de 2011

Llamadme loca...





Las tardecitas de Buenos Aires tienen ese qué sé yo, ¿viste? Salís de tu casa, por Arenales. Lo de siempre: en la calle y en vos. . . Cuando, de repente, de atrás de un árbol, me aparezco yo. Mezcla rara de penúltimo linyera y de primer polizonte en el viaje a Venus: medio melón en la cabeza, las rayas de la camisa pintadas en la piel, dos medias suelas clavadas en los pies, y una banderita de taxi libre levantada en cada mano. ¡Te reís!... Pero sólo vos me ves: porque los maniquíes me guiñan; los semáforos me dan tres luces celestes, y las naranjas del frutero de la esquina me tiran azahares. ¡Vení!, que así, medio bailando y medio volando, me saco el melón para saludarte, te regalo una banderita, y te digo...

(Cantado)

Ya sé que estoy piantao, piantao, piantao...
No ves que va la luna rodando por Callao;
que un corso de astronautas y niños, con un vals,
me baila alrededor... ¡Bailá! ¡Vení! ¡Volá!

Ya sé que estoy piantao, piantao, piantao...
Yo miro a Buenos Aires del nido de un gorrión;
y a vos te vi tan triste... ¡Vení! ¡Volá! ¡Sentí!...
el loco berretín que tengo para vos:

¡Loco! ¡Loco! ¡Loco!
Cuando anochezca en tu porteña soledad,
por la ribera de tu sábana vendré
con un poema y un trombón
a desvelarte el corazón.

¡Loco! ¡Loco! ¡Loco!
Como un acróbata demente saltaré,
sobre el abismo de tu escote hasta sentir
que enloquecí tu corazón de libertad...
¡Ya vas a ver!

(Recitado)

Salgamos a volar, querida mía;
subite a mi ilusión super-sport,
y vamos a correr por las cornisas
¡con una golondrina en el motor!

De Vieytes nos aplauden: "¡Viva! ¡Viva!",
los locos que inventaron el Amor;
y un ángel y un soldado y una niña
nos dan un valsecito bailador.

Nos sale a saludar la gente linda...
Y loco, pero tuyo, ¡qué sé yo!:
provoco campanarios con la risa,
y al fin, te miro, y canto a media voz:

(Cantado)

Quereme así, piantao, piantao, piantao...
Trepate a esta ternura de locos que hay en mí,
ponete esta peluca de alondras, ¡y volá!
¡Volá conmigo ya! ¡Vení, volá, vení!

Quereme así, piantao, piantao, piantao...
Abrite los amores que vamos a intentar
la mágica locura total de revivir...
¡Vení, volá, vení! ¡Trai-lai-la-larará!

(Gritado)

¡Viva! ¡Viva! ¡Viva!
Loca ella y loco yo...
¡Locos! ¡Locos! ¡Locos!
¡Loca ella y loco yo


miércoles, 2 de febrero de 2011

Noches en vela


Para FPS, HAT y Maa Musi 

Diría mucho si encontrase las palabras,
agradecería tanto que jamás terminaría,
pediría perdón las veces que hiciera falta cuando errase
recordaría mejor cada segundo vivido si los hubiera saboreado al máximo,
podría dar más de mí, pero no pediría ni la mitad de lo que he recibido,
lloraría todas las lágrimas que mis ojos fuesen capaces de soportar si supiera que no voy a perder la oportunidad de ver las maravillas de la vida,
pasaría el resto de las noches de mi vida en vela como ésta si pudiese: escuchando música
me agarraría a un clavo ardiendo si encontrase una solución menos traumática a mis problemas
reiría todos los chistes sin reparar en que fuesen mejores o peores
regalaría sonrisas, abrazos y caricias con la frecuencia exacta.

Si volviese a nacer hay muchas cosas que me gustaría cambiar, pero serían únicamente detalles para que en mi día a día hubiese más pasión por la vida, por la gente que me quiere, por mí misma.... pero jamás cambiaría aquellas cosas que me hubiesen obstaculizado poder conocer a quienes me han demostrado que la música es el lenguaje del alma (incluso alguno de nosotros podría hacer una asignatura que enseñase a sentir la música, ¿no?)

En ocasiones maldigo mi suerte, pero luego recuerdo que gracias a su desafortunada labor hoy soy quien soy y he aprendido a valorar las cosas buenas que pasan en mi vida: vosotros, por ejemplo.

Llorar a las tantas de la madrugada sentada frente al ordenador podría resultar triste de no ser porque las lágrimas me recuerdan que soy muy afortunada, que me siento querida, que no estoy sola,  y en parte es porque Beethoven me acompaña, pero tan sólo pone banda sonora a una silenciosa y nostálgica noche sin luna....

Puede que mi tren esté a punto de partir y no sé qué me deparará el destino, pero sea como fuere y tome la decisión que tome si vosotros queréis me conservaréis siempre, porque yo hace tiempo que sé que no os voy a dejar marchar de mi vida.

Os quiero

lunes, 24 de enero de 2011

Sin salida

He dejado de luchar.
Había olvidado el detalle de que cuando caes en arenas movedizas te hundes más rápidamente si intentas que eso no ocurra.

.... y estoy sola.
¿Llegará el momento en que alguien pase por delante y me tienda una rama?
Ya he perdido la esperanza, prefiero dejar que la tierra me trague.

Quizás sea mejor así, quizás el problema sea yo para las arenas movedizas y no al contrario, quizás sea más factible dejarme llevar por esa masa pantanosa........

Ojalá pudiera decir adiós, pero no tengo valor

Sólo queda esperar....


El dolor, la impotencia, los recuerdos..........

lunes, 17 de enero de 2011

Cordes


Para  FJAG


Laurent era un tipo corriente, risueño y soñador.
Alegre solía caminar por las calles de Cordes, un maravilloso pueblo del Tarn; y le apasionaba entrar al Museo del Azúcar cuando volvía de visitar a su amigo: el luthier Christian Urbita. Sin saber por qué se veía repitiendo ese trayecto una y otra vez, pisando los mismos adoquines, viendo los mismos escaparates...

Un día su amigo le estaba contando cuán fulgente era el firmamento en las noches de luna llena y fue hablando con él cuando Laurent se dio cuenta de que nunca había apreciado la paleta de colores que el cielo le brindaba.
Al salir del taller rumbo a su dulce destino sintió la necesidad de mirar arriba. Nunca lo había hecho y la primera señal de que no era una buena idea levantar la cabeza fue el tremendo chasquido que su cuello, agarrotado en demasía, perpetró. Tras el crujido vino la desesperación al observar los hilos que le sujetaban.
Laurent era una marioneta.
Comenzó a deshacerse de las cuerdas una a una, aún a sabiendas que iba a ser lo último que haría, pero necesitaba hacer por sí mismo una cosa en su vida, lo único que obraría sin orden externa.
Consiguió deshacerse de todos los hilos menos de uno, el que le sujetaba la mano derecha, la mano con la que se había arrancado el resto de su máquina locomotora. Estaba hecho un amasijo en el suelo: encogido y moribundo, pero la última atadura no la pudo soltar sin la ayuda de su titiritero.

Su vida había sido una farsa. Todo, absolutamente todo había estado manejado por un completo extraño al que no había visto jamás.

Para todo necesitó ayuda...  hasta para morir